Proyectos / Rakhi
Rakhi
Una vidriera que se recorre
Un local de calzado sin una sola línea recta: la arquitectura hace de vitrina y cada par queda expuesto como una pieza.

- Tipología
- Interiorismo comercial
- Programa
- Salón de venta, exhibición mural y central, área de prueba, mostrador y vidriera
- Alcance
- Proyecto integral, mobiliario de obra, iluminación, dirección de obra y styling
- Paleta
- Blanco cal, arena, marrón oscuro y verde
El proyecto
- Revoque texturadomuros y estanterías
- Piso continuocirculación
- Curvas de obraexhibición
- Luz rasanteiluminación
Un local de calzado tiene un problema de escala: el producto es chico, oscuro y se repite. Si la arquitectura compite, los zapatos desaparecen. En Rakhi la decisión fue construir un fondo continuo —muros, estantes y mostrador del mismo material y del mismo color— para que lo único que cambie de textura en todo el salón sea el cuero.
Nada de lo que se ve es un mueble comprado. Las estanterías son de obra y salen del muro como una ola: cada bandeja tiene su propio alto y su propia curva, así que ningún par queda alineado con el de al lado y la mirada recorre la pared en diagonal en vez de leerla como una góndola.
El revoque se aplicó a mano y se dejó vivo, con la marca de la llana a la vista. Contra esa textura mate, la luz rasante del día dibuja el relieve; de noche los apliques hacen el mismo trabajo. El muro nunca queda plano.
En el centro del salón, una mesa de forma libre y dos pufs bajos rompen la circulación perimetral y obligan a detenerse. Es el único momento del recorrido en el que el cliente se sienta, y por eso es donde se prueba y se decide.
El espejo de contorno irregular y el cartel colgante repiten el mismo gesto curvo de las estanterías. La identidad de la marca no se aplicó sobre el espacio: se construyó con él.












“Cuando el producto es chico, el espacio tiene que hacer de vitrina.”
Lorena Sevilla · Directora creativa